Por eso yo he dejado de buscarme.
Recién había terminado de fregar la vajilla cuando puse un pie en la calle y el estropajo en la repisa. Me calé mi gorra visera, mis oculares polarizados y el kilo y medio de cámara de hacer fotos.
A pulso; siempre a pulso y sin flash, que ya vendrán cielos que sepan reconocer mi arrojo, mis biceps, y mis hijos secretos. Allá ellos y lo que hagan con su misericordia y su libro de familia.
Cinco minutos más tarde descubrí, trémula, -como las carnes de Almodóvar-, una mariposilla blanca. Parecía atribulada por la complejidad estructural de flores y tallos, y sin alcanzar un apoyo óptimo.
Lloviznaba.
Quizás el agua impedía su vuelo.
Quizás la brisa marchitó sus fuerzas.
Quizás...
Brisa. La llamaré Brisa, pensé. Brisa es un bonito nombre para una mariposa.
- Brisa...
Musité.
- Brisa, bonita... Ven... Sube a mi mano...
- Amos, hombre, no jodas tío. ¿Por qué no te subes tú a la punta de mi
- ¿Perdón...?
- Que tires las fotos que tengas que tirar y que te largues... Después de pagar, claro.
- Pero usted... Usted no es una mariposa.
- Pero doy el pego, que es lo que importa.
- Sabrá disculparme... Comprenda que no entiendo esta mascarada, señor...
- Conhache; Heladio Conhache. Operario de construcción en horas bajas. La cosa está jodida, amigo, y he pasado de hacer equilibrios por esos andamios de dios a funambulismo entre estos tallos del demonio.
- ¿Los andamios son de dios?
- ¿Eh...?
- Es igual, no importa. Mire, Heladio. Si le parece bien..., hagamos una cosa. Usted se aleja hasta allí... Sí, ahí está bien. Ahora, con la perspectiva, crearé la ilusión óptica de que usted reposa sobre mis dedos. ¡Click!
- Son treintaycinco más iva, caballero. Y si quiere hacerse alguna foto más con bichos... Mire... Aquella lagarta que se apoya en la zarza es mi cuñada. Dígale que va de mi parte y le hará un precio.
- Mon dieu!
- ¿Es usted francés?
- No. Solo padezco de dèjá vuses de tanto en tanto.
Clase: Insecta
Orden: Lepidoptera
Familia: Nymphalidae
Género: Melanargia
Especie: Melanargia lachesis (Hübner, 1790)
Dedicada a doña Mercedes Thepinkant, a quien acabo de conocer, pero ya no me acuerdo.