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la aristolochia baetica es bella
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martes, 25 de enero de 2011

(3º) no seremos sino sumo

Como ya anuncié en el capítulo anterior, paso a ofrecer un ejemplo concatenado que sirva de sustento a esta teoría improbable, pero posible. No sé muy bien qué significa concatenado, pero mi tutor me ha asegurado que el vocablo concatenado impresionará mucho al tribunal y que cuando exponga mi tesina lo repita muchas veces. También me ha recomendado que antes de lanzarme a exponer mi tesina haga por aprobar el bachillerato.

Introducción concatenada al ejemplo concatenado:

De aumentar el precio del estiércol, su uso como abono de frutos y hortalizas sería económicamente inviable. La agricultura desaparecería y el campo se llenaría de garrapatas. Los más optimistas seguirían confiando en abonos y pesticidas químicos, sin reparar en que además de ser mierda de peor calidad, estos se obtienen a partir de substancias naturales. Por lo que sostengo que, una vez agotada la posibilidad de hacer algo tan natural como cagar -posibilidad que evacuaré a continuación- la catástrofe sería inevitable.

Ejemplo concatenado propiamente dicho sobre lo que supondría la extinción del kiwi de manera concatenada:
Extinguido el kiwi, una pandemia de estreñimiento invadiría el planeta y Bilbao, y si bien nos ahorraría el luctuoso espectáculo de ver a José Colorado anunciando yogures, nos abocaría al ejercicio de tremendos esfuerzos con inútiles resultados. La humanidad entera se hincharía sin remisión. Caminaríamos arqueando las piernas y nuestros ojos se achinarían. De resultas, los padres no distinguirían a sus hijos al ir a recogerlos a la guardería, y la demanda de matrículas en las academias de sumo se dispararía. Ya saben ustedes cómo se las gastan algunos padres: No tendré ni pa cagar, pero a mi niño que no le falte de na.

Pese a nuestro achinamiento sobrevenido, y acostumbrados como estamos en occidente a que nos lo den todo hecho, siquiera sabríamos imitar el ahora entrañable sonido de un pedo.
En pocos años nuestro esfinter mayor se iría ciñendo hasta desaparecer. Ya sin culo, las tazas de water dejarían de tener sentido. Las empresas de sanitarios se declararían en quiebra y miles de trabajadores serían despedidos. Como consecuencia concatenada, y desaparecida la taza del water, disminuiría la lectura de diccionarios, crucigramas y botes de champú, por lo que ya no tendría sentido seguir pagando los vestidos a ninguna ministra de cultura.

Llegados a éste punto, de poco servirían golpes en el pecho y lamentos. Aquello que se cerró por voluntades, dificilmente volvería a su ser, y dado que la nalga siempre careció de libre albedrío, en ultima instancia no nos quedaría recurso alguno. Ni siquiera el de deposición concatenada.

Conclusión epilogar:
Después de ser adoptado por las artes, las ciencias y las gastronómías, el estiercol y sus subjuntivos se hicieron un hueco en el mundo de las letras y sus derivados. La revolución fue imparable y terminó por fluir en todo. La especulación del subproducto se convierte en práctica cotidiana. Traficantes, piratas y profetas hacen su agosto. Los televisores led son sustituidos por pantallas de mierda ante las cuales se reunen, dichosas, las familias.

El bebé gorila que se amamantase de niebla y bosque en el primer párrafo ya es historia. Hace años que con él se extinguieron la lechuga y la acelga; espinacas y judías verdes, naranjas y boniatos... Y dicen los más viejos, que el día que el hombre comió el último kiwi, ese día, dicen, fue el principio del fin.

Reventaremos de felicidad.

domingo, 23 de enero de 2011

(2º) el ocaso de los pollos

En un futurible así, el pollo se desestimaría en el cálculo del IPC, y la boñiga pasaría a ocupar un lugar destacado en nuestra cesta de la compra. Ahora nadie se atrevería a cagarla exclamando ¡tú vales lo que una mierda!, si no que cultivaría su amor al próximo con nuevas oraciones, más afectas a la moda. La afección se extendería a buena parte del acervo popular, inluído su refranero. Así, en poco tiempo, podríamos escuchar: quien tiene un amigo una caca tiene un tesoro. Pero aquí no acabaría la cosa.
De no cesar la cotización del detrito al alza y sin que la demanda disminuyese, su precio superaría al de la trufa, y si me apuran, al de algún artículo de lujo, como pueda ser, por ejemplo, la leche maternizada. Y quién sabe si se abrirían nuevos caminos para científicos y artistas. Los primeros coparían los titulares de revistas especializadas con eventuales teorías sobre la relatividad de la ñorda. Los segundos llenarían galerías, fundaciones y chimeneas con sus artes plásticas; siempre apoyados por la crítica, que se apresuraría a cantar alabanzas sobre la NewShit.

Hasta aquí, la plasta podría ser más o menos soportable. El ser humano es fuerte y flexible, y si ha sido capaz de sobrevivir al repertorio de Manolo Escobar, superaría sin dificultad nuevos pefumes y delikatesen, pinturas y canciones... Pero ¿Y si la demanda de estiércol fuese tanta que lo convirtiese en un bien escaso? Si ya ocurrió con los cereales, -que en poco tiempo pasaron de engañar los estómagos más pobres a alimentar los depósitos de los más ricos-, quién mierdas me asegura que esto no ocurrirá con la caca... Y no vale que alguien argumente que los chinos harían buenas imitaciones; porque ellos serán capaces de imitar un rólex, pero cuando se trata de imitar algo decente, los chinos no saben imitar una mierda.

Así pues, las consecuencias a largo plazo serían fatales, repito. Pero para no aburrirles más con tejemanejes retóricos, concluiré mi apestoso brillante ensayo ofreciendo un ejemplo individual y concatenado en el próximo capítulo.

sábado, 22 de enero de 2011

(1º) el estiércol y la niebla

Si en lugar de Paco, me llamase Dian Fossey, habría caminado por las Montañas de Virunga y para descubrir la belleza en extinción de una hembra gorila amamantando a su bebé entre la niebla.

Como a día de hoy ella sigue asesinada y yo no podría aventurarme en los bosques de Virunga, me conformo, felizmente, con una excursión hasta el matorral más cercano. Es probable que en tan menguado paisaje no halle gorilas en la niebla, pero es seguro que encontraré moscas en la mierda el estiércol.


Algunos dípteros, lepidópteros, y muchos coleópteros, entre otros insectos coprófagos, basan su alimentación en las heces. Seguramente ellos no perciban ese olor que nos resulta tan desagradable, pero gracias al cual la Boñigus boñigus y otros sedimentos no son especies en extinción.

¿Imaginan qué ocurriría si las boñigas oliesen bien? Las consecuencias a corto y largo plazo se me antojan infinitas, y creanme cuando les digo que, en último caso, fatales para la existencia del planeta; al menos tal y como lo conocemos: con sus chalés adobados y su Marina & Dolors Ciudad de Vejaciones, entre otros paraísos.

Texturas aparte, y si las boñigas oliesen bien, repito, Karvin Krain inundaría el mercado con su KK parfum, o las estrellas de Michelfin competirían por ofrecer a su selecta clientela los mejores Caprices égoûtant sur rien d'autre, por ejemplo. Porque digo yo que, en el caso que nos ocupa, siempre será mejor poner un ejemplo que pasar a los postres.

De estas consecuencias inmediatas se derivarían otras peores. Pero daré cuenta de aquellas en el próximo capítulo, y si ustedes tienen a bien leerlo sin temor a que les venga el apretón.