Sin ser lo mismo, podría parecerlo. Pero observando la sima que ahora se abre entre el si y el no, los sinos de los títulos conducen a suertes diferentes. En el texto anterior el hado nos condena a un destino pestilente e improbable: no seremos sino sumo.
Ahora es distinto, y aunque no seremos si no sumo también podría parecer una sentencia divina, es poco más que un inocente juego de palabras; coherente y apetecible.
Si en la anterior entrada brillaba la niebla en la boca de un bebé gorila, en la presente aparece el humo para intentar ocultar el resultado de las sumas; cuando no la suma misma, como acción.
El niño que vende timbales descansa sobre un motocarro que no es suyo. Hoy ha sido un mal día. Tal vez mañana el ferry vomite un grupo de turistas menos desanchaos. Tal vez ellos quieran sumar y me enseñen a restar mi tristeza. Tal vez yo pueda enseñarles a curtir pieles de cabra con las que sumarían bellas canciones. Tal vez, así, mañana, yo pudiera llevar a mi madre un cántaro rebosante de niebla con el que saciar su corazón. Ojalá.
Ahora es distinto, y aunque no seremos si no sumo también podría parecer una sentencia divina, es poco más que un inocente juego de palabras; coherente y apetecible.
Si en la anterior entrada brillaba la niebla en la boca de un bebé gorila, en la presente aparece el humo para intentar ocultar el resultado de las sumas; cuando no la suma misma, como acción.
El niño que vende timbales descansa sobre un motocarro que no es suyo. Hoy ha sido un mal día. Tal vez mañana el ferry vomite un grupo de turistas menos desanchaos. Tal vez ellos quieran sumar y me enseñen a restar mi tristeza. Tal vez yo pueda enseñarles a curtir pieles de cabra con las que sumarían bellas canciones. Tal vez, así, mañana, yo pudiera llevar a mi madre un cántaro rebosante de niebla con el que saciar su corazón. Ojalá.