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la aristolochia baetica es bella

sábado, 19 de febrero de 2011

bombones muertos

irrational terrorific

No hace mucho comentaba como en mi infancia mataba el rato matando bichos. No es que matase demasiados, pero hoy pienso que matar a uno ya es mucho matar.

Recuerdo como mi primer contacto con una asociación naturalista fue a través de un compañero de colegio, hoy reputado fotógrafo que colabora con distintas publicaciones nacionales y bárbaras; National Geographic, entre ellas. Otro compañero de colegio me había introducido, no mucho antes, en el gusto por el paseo, la observación y, por último, en la captura, sacrificio, y disección de insectos. Deseo ahorrarles el cuento sobre los distintos métodos, gases y alfileres utilizados para convertir a un ser vivo en un objeto inerte; un brillante despojo que pasaría a abultar la colección de cadáveres con que el preadolescente que fuí presumiría ante sus amigos, y correría, aterrorizadas ellas, a todas las niñas del cole. Qué gritos pegaban, las pobres, cuando al abrir aquellas cajas de bombones en las que reunía mi colección, descubrían la masacre.

Tanto mi madre como mi padre siempre reprobaron mi afición por las cámaras de gas y los estoques, intentando hacerme entender que cualquier ser vivo, sea planta o animal, sufre con la tortura. Pero todos los niños sabemos que los padres no conocen una mierda de la vida, por lo que no les hice mucho caso. Al menos, -pensarían-, el niño pasea. Y no fuma.

Tuve que conocer a esos chicos de la asociación naturalista para comprender la diferencia entre la belleza inimitable de un ser vivo y el brillo mortecino de un escarabajo estoqueado. El primer día que acudí a su local de reuniones, lo hice acompañado de mis cajas de bombones con bichos muertos. Había decidido regalar mi colección a la asociación, y pensando que sería admirado por ello: tantos paseos, gases y estocadas tendrán una recompensa, seguro. De esta me hacen presidente, como poco.

Puedo dar gracias a que no me echasen de allí a patadas. Ni siquiera me insultaron, ni recriminaron mi actitud. Sólo recuerdo que sus expresiones faciales eran de tal tristeza, que al punto supe que aquellos campos de exterminio en miniatura no apetecían a nadie. Al menos parece buena persona -pensarían-, y pasea. Y no fuma.

Al menos, aquellos niños que fuimos, paseábamos. Al menos, antes de matar, conocíamos lo que era la vida, y aunque no entendiésemos su significado ni respetásemos su natural devenir. Al menos, nuestros padres no nos regalaban coleccionables con seres vivos muertos a 7,95 la pieza.

RBA editores, National Geographic y el diario El Mundo hoy hacen posible que los niños no salgan a pasear -no fuera que se se torciesen un tobillo, las criaturas- y comercializan una colección de bombones muertos bajo un lema retorcido:

descubre auténticas maravillas de la naturaleza.

Si quieres descubrir otra verdad, te invito a leer un COMUNICADO DE LA ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE ENTOMOLOGÍA


7 comentarios:

Leti dijo...

a mi sobrino de 6 años le encanta esa colección, pero a mi me parece una aberración. muy bueno el símil con los "bombones"...

treehugger dijo...

Una muestra mas de la degeneración de nuestra sociedad... esta sociedad del consumo que esta acabando con el planeta... ya queda menos para el fin del mundo.

MartinAngelair dijo...

No he pinchado tus enlaces.

:)





De la misma forma, aunque parezca opuesto,


...yo debería confesar, que aunque desde que recuerdo defiendo la vida de los bichos,...también desde que recuerdo les temo a la mayoría.



No puedo soportar que un bicho me quiera hacer daño, aunque siga, como ya sabemos y nos han explicado, su instinto natural.




Te prometo, que hoy por hoy, me duele más que me ataque un bicho que una persona.




(lo mío también es de caja de bombones,... :)





Buenas tardes Corazón.
Besos.

Trebol-a dijo...

Muy buena tu historia.
Me ha recordado una ocasión en que nosotros (los que estabamos en el local naturalista) conocimos a uno que se presentó en el local de la asociación (naturalista, repeat) presumiendo de que a él le gustaban mucho las serpientes y los lagartos, les gusta mucho COMERSELOS!! y nos presumía de su cinturon hecho por el mismo con piel de serpiente.

Tampoco lo echamos a patadas porque nos gustaba presumir de pacifistas (tonterias de la juventud), pero creo que fuimos los inventores del "mobbing salvaje".

Lo suyo es un mal menor por el que hemos pasado todos de una u otra manera, pero lo del periódico es infumable se mire como se mire.

Erna Ehlert dijo...

Silvia del blog “a través de mi visor” escribió hace cinco días que ha sido retirada del mercado la dicha colección por las protestas que ha habido.

Por cierto, de pequeños seguramente todos habremos hecho alguna “barbaridad” con los bichos, que ahora nos sabría mal.

Saludos.

diminutoblog dijo...

Gracias por la alegría, Erna.
Busqué documentación al respecto antes de publicar mi entrada, e intuyendo que el fin de esta estúpida aventura editorial estaría cerca. No encontré nada.
Tuve que fiarme de la permanencia del comunicado de la Sociedad.

El daño ya está hecho (aunque el final es ejemplarizante).

Gracias. Ya comenté en el blog de Silvia.

:-)

diminutoblog dijo...

Después de escribir mi anterior comentario, he pensado ¿por qué no encontré noticia alguna sobre la retirada de esta colección? Me gusta intentar documentarme antes de publicar nada.

Aparte del comunicado en Biodiversidad Virtual, sigo sin encontrar enlace alguno que haga referencia explícita a la retirada de esa colección de cadáveres.
Lo que sí permanece es su oferta en red:

http://www.elmundo.es/promociones/bichos/index2.html

Ahora es tarde (la duda me desveló) pero mañana haré algunas comprobaciones.